Peter's profileBienvenidos a mi lado os...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    May 29

    No quiero tu imagen, quiero tu misterio



    No me muestres tus fotos. Las fotos te aplastan, te reducen a dos dimensiones.
    Quiero verte como te vería un artista. Por que el arte revela tu parte invisible, intangible. Te expresa en tus infinitas dimensiones.
    Una imagen puede mostrar el color de tus labios, el brillos de tus ojos, la perfección de tu figura. Pero el artista ve más allá. Percibe la magia de tu sonrisa, la profundidad de tu mirada, la suavidad y el calor de tu piel. Tu cuerpo puede desnudarse ante cualquiera, pero sólo a través del arte se verá la desnudez de tu misterio.
    El artista puede ver tus emociones y captar tu actitud. Puede ver aquello que te alegra y aquello que te atormenta. Y tiene el talento para plasmarlo en su obra.
    ¿Quién más que Da Vinci hubiera podido percibir el enigma en la sonrisa de la Gioconda, y quién otro habría sabido reflejarla con unas pinceladas?
    Quiero verte con los ojos de un artista. Captar el misterio de tu ser, ese que nadie más es capaz de ver. Quiero que mi obra te inmortalice, y el mundo entero admire tu esencia. Quiero dominar con maestría la pintura, la archilla, los sonidos o las palabras, para que esos elementos inertes cobren vida y extraigan, desde lo profundo de tu alma, esa belleza que los sentidos, por sí solos, no pueden captar.

     



    May 26

    Charla post-strip-tease

    Para los vagos que no quieran leer mi anterior post (ustedes se lo pierden), aquí va un brevísimo resumen: fui al cabaret, la vi a Micaela hacer su debut como stripper, y luego ella y yo nos sentamos a charlar en un sillón.
    No voy a contar lo que hablamos por que eso es privado entre ella y yo. No, no, no. Lo siento, pero es así. Lo que sí voy a contar es lo que me dijo cuando ya nos estábamos despidiendo: "Estás sexy, eh!!", me dijo. Y sí, tenía razón, para qué negarlo. Pantalón negro, camisa fachera (elegida por mi esposa, que ignoraba ante quién habría de lucirla), melenita ochentosa... la verdad, yo, mina, le hubiera dado con ganas a ese muchacho que era yo.
    Pero no, no era eso lo que quería destacar. Cuando estaba por irme, me dijo: "Gracias por venir". ¿Qué? ¿Eso? Sí, eso. Esa frase tan simple, que puede tomarse como un mero y vacío cumplido, para mí tuvo un gran significado. ¿Por qué? Pues por que yo en una época fui músico, y me acuerdo que siempre, apenas terminaba de dar un recital, bajaba del escenario para saludar a los amigos y conocidos que habían ido a verme, y les decía ese mismo "gracias por venir". Y lo decía de corazón, por que reconocía el esfuerzo que habían hecho nada más que para ir a hacerme el aguante.
    Ok, ok, ok, yo no había hecho un gran esfuerzo, y reconozco que me moría por ver el show de Mica, y hasta fantaseaba con él. Además, entiendo que no es lo mismo salir al escenario a tocar la guitarra que salir a ponerse en bolas provocativamente frente a un montón de jeropas (entre los cuales, lamentablemente, debo incluirme).
    Pero en ese "gracias por venir", pronunciado por la voz de Micaela, reconocí el mismo agradecimiento sincero que yo daba a mis amigos luego de un recital. Y me sentí bien por que, más allá de que había ido ahí por placer (se lo dije: "para mí fue un placer"), estuve ahí como amigo que va a hacerle el aguante a otro (mejor dicho a otra). Y bueno, estuvo bueno, la verdad, estuvo bueno.
    Y punto. Es todo lo que voy a contar al respecto, so sorry...
     
     
    Mica y yo, cada uno ejerciendo su arte en el escenario. Ja ja ja ja!!!! Ojalà... ("ojalá" lo digo por mí, no por Mica)
     
     
    May 23

    El 21 de mayo no fue un día común

    Claro que no. Fue el día en que vi a Micaela desnuda por primera vez.


    El día arrancó normal. Como todos los jueves, el despertador sonó muy temprano (a eso de las 5 AM) para recordarme que tenía que terminar de escribir las notas para el Newsletter. Desde el mismo momento en que abrí los ojos, ella ocupó mi mente. Sí, Micaela, a quien vería en su lugar de trabajo cuando yo saliera del mío. Pero me había propuesto no pensar en eso. Iba a ser un día largo, con muchas cosas que hacer, y no podía darme el lujo de estar ausente, de soñar despierto, con lo que ocurriría al final del día. Además, no quería especular. Yo ya me había imaginado todos los escenarios posibles, y acepté a todos esos escenarios como probables; desde el más fracasado hasta el más exitoso. Por suerte, terminó siendo el exitoso, pero no nos adelantemos a los hechos.

    Más o menos logré concentrarme en mis tareas; terminé el Newsletter alrededor de las 7 AM, luego desperté a mi familia, acompañé a mi hijo a la escuela, y después, al despedirme de mi esposa, ella me dijo “no vuelvas tarde”. Eso fue un primer obstáculo; menor, pero obstáculo al fin. Obviamente, no podía contarle mis planes para el after-office, pero tenía la excusa de que debería trabajar hasta tarde por tener trabajo atrasado (verdad parcial). Pero ella insistió: “volvé temprano”. Pensé que quizás tendría algún plan para mi regreso… de todos modos, si las cosas salían según mis planes, podría volver casa no muy tarde y dejarla contenta.

    Durante el día, en la oficina, tenía la esperanza de cruzármela a Mica en el chat. Aunque también estaba preparado para que eso no ocurriera. Y no ocurrió. Y aquí planteo uno de los temores que me acompañó durante la jornada: ese 21 de mayo sería el día en que Mica debutaría haciendo un show de strip-tease en el escenario, y yo no me lo quería perder por nada del mundo. El problema era que ella no sabía a qué hora sería el show, y yo estaba limitado en mis horarios.

    Uno de mis planes contemplaba decirle a Mica, por chat, que me avisara por celular cuando el show estuviera próximo a empezar, así podría llegar en el momento justo, pero no pude hacerlo. Traté de no hacerme dramas por eso, pues si no alcanzaba a ver el show por darse éste muy temprano o muy tarde, mala suerte… me resignaría y confiaría en poder verlo otro día.

    Resolví llegar al cabaret a una hora lógica (alrededor de las 7 PM), suponiendo que a esa misma hora irían todos los oficinistas como yo, y al haber suficiente concurrencia, comenzaría el show.

    Dado que salí de mi trabajo increíblemente temprano, tuve que hacer tiempo; tiempo que aproveché para comprarle un regalito a Mica. Una pavada: un paquetito de bombones Ferrero Rocher de coco (comentario al margen: aunque azarosa, fue muy acertada mi elección por los bombones de coco).

    Como a las 7:10 llegué al cabaret. No la vi a Mica, pero me senté cerca del escenario pues el show estaba por comenzar (acerté con la hora más conveniente para llegar). Anunciaron a la primera stripper: Pamela. “Maldición… ¿por qué no Mica?”, pensé. Bueno, probablemente a ella le tocaría más tarde.

    Pasó Pamela. Una chica divina… hermoso cuerpo, cara de Barbie… seguramente era la chica de 18 sobre la que Mica me había contado. Pero su show no fue la gran cosa, estuvo insegura en el escenario… después Mica me contó que lo que pasó fue que no había tenido tiempo de ensayarlo. En fin, pasó Pamela medio desnuda por entre los espectadores, rumbo al camarín para cambiarse. En cuanto entró al camarín se escucharon gritos de emoción y felicitaciones; era obvio que había sido su debut.

    OK, ya pasó un strip-show, ¿y ahora? ¿Qué hacer? ¿Esperar? Sí, esperé un rato, pero no sabía cuánto más debería esperar. Finalmente resolví acercarme a una de las meseras para preguntarle por Mica. “Ella está en el otro local”, me dijo, sin saber que me estaba causando una tremenda desilusión. Esa situación no estaba entre las que yo me había imaginado. “Pero está viniendo para acá, calculo que llegará como a las 8”. No me servía, pues a esa hora yo debería estar emprendiendo el regreso a casa.

    Volví a mi asiento a buscar la campera que había dejado y enfilé para la puerta, dispuesto a irme y cumplir con creces la orden de mi esposa de volver temprano. Era una tragedia: no sólo no tendría oportunidad para ver el debut de Mica como stripper, sino que ni siquiera podría charlar un rato con ella. Ninguno de mis escenarios preveían semejante desgracia. Me resultó curioso notar que me dolía más el hecho de no poder hablar con ella que el hecho de no poder ver su show.

    Pero a veces ocurren milagros. Ciertas desgracias parecen surgir en nuestro camino con el sólo objeto de poner una cuota de suspenso, un poco de condimento, en la historia de nuestras vidas, que en última instancia nos sorprende con un final feliz. En el camino a la puerta, me interceptó otra mesera. “¿Ya te vas? Mirá que en un ratito va a haber otro show”. “Es que yo buscaba a Micaela, y me dijeron que está en el otro local”, le respondí. Pero ella no se rindió: “¡No! Mica está acá, es más, es la próxima en bailar, y te cuento que va a salir disfrazada como policía. Quedate, en un ratito empieza su show”.

    La chica sólo cuidaba los intereses de su negocio al no dejarme ir, pero ignoraba que con esa acción me salvó el día, y me evitó una terrible desilusión y un bajón que de seguro me duraría hasta la siguiente semana (fin de semana largo de por medio). Ahora pienso que debería haberla recompensado de alguna manera, o cuando menos, agradecerle por convencerme para que me quedase.

    Así que le hice caso y me quedé. Le pedí una cerveza para amenizar la espera y volví a mi asiento. Al rato me trajo la cerveza la primera mesera, disculpándose por haberme dicho que Mica no estaba. La disculpé con una sonrisa.

    Supuse que el “ratito” que faltaba para el show me obligaría a quedarme hasta las 8, pero por suerte fue más breve de lo que esperaba. En seguida la voz del altoparlante anunció que estaba por empezar el show de Mica.

    Y así fue. Mica pasó caminando cerca de mí, sin reconocerme. Estaba efectivamente con un disfraz de policía… bueno, algo así. Gorra, anteojos oscuros, chaqueta, minifalda, tacos altos… todo tan negro como su pelo. Ojalá las mujeres policías vistieran así.

    Comenzó a sonar el tema “Black Velvet”. Perfecto para la ocasión. Es más, como después le conté a Mica, cada vez que escucho ese tema yo me imagino un strip tease.

    Y ahí estaba ella, de pie sobre el escenario, sin una gota de nervios o dudas. No cabe duda que es una mujer decidida, y con confianza en sí misma. Mi corazón empezó a galopar. Era el momento que tanto había esperado. La estaba viendo bailar sensualmente, y pronto la vería despojarse de sus ropas. Las cosas estaban saliendo a la perfección.

    Me acomodé en mi sillón para no perderme detalle, y aunque su cuerpo atraía la mayoría de las miradas, yo intentaba mirarla fijamente a los ojos.

    Comenzó a desnudarse. En cuanto las áreas íntimas de su cuerpo comenzaron a salir a la luz, mi corazón comenzó a desbocarse. De verdad, tuve pálpitos, al punto de preocuparme un poco. Tal vez era el momento de empezar a pensar seriamente en un chequeo médico que incluya un examen cardiológico.

    Pero también… ante semejante sensualidad, cómo no ponerme así. Micaela lo hizo increíblemente bien. Se mostró segura en el escenario, haciendo mover su cuerpo al ritmo de esa música sensual, arrojándose al piso con gracia para ondular su figura contra las tablas, jugando con los espejos y los caños, sacándose cada prenda con movimientos suaves… provocadora, increíblemente provocadora como a ella le gusta ser.

    Durante el show ocurrió algo mágico. En un par de ocasiones, los ojos de Mica asomaron por sobre los anteojos oscuros y me vieron. Me reconoció y me sonrió. Yo respondí también con una sonrisa. A partir de ahí, estuve en las nubes. Desde ese momento comencé a fantasear con que ese show era sólo para mí. No sería así, de seguro, pero qué importa… si total, fantasear es gratis. Pero más allá de mis fantasías, esa sonrisa, y el hecho de que su show haya seguido con toda naturalidad luego de verme, significó que mi presencia no la intimidaba, lo cual de seguro fue un alivio para ambos, ya que temíamos que sucediese lo contrario.

    Al terminar su show, resonaron los aplausos y una ovación a la que colaboré con algunas exclamaciones. Se refugió tras bambalinas con cierta vergüenza (fingida o no), para colocarse algunas mínimas prendas y huír al camarín. Pasó cerca de mí, pero no me miró.

    Mientras mi corazón se calmaba y yo trataba de grabar en mis retinas las escenas ejecutadas hábilmente por mi amiga, comencé a preguntarme si ella vendría a saludarme. Obviamente debía darle tiempo a cambiarse y a calmarse, ya que seguramente estaría sumamente agitada por la emoción de su debut. Pero mi cabeza comenzó a girar nerviosa y frecuentemente para mirar la puerta del camerino, con la esperanza de que ella saliera y viniera hacia mi.

    Finalmente salió, pero no vino hacia mí. La vi pasar para un lado y para el otro del lugar, mientras trataba de seguirla con la vista, para ver si me hacía alguna seña, gesto o algo, pero no.

    Al rato observé que se sentaba con un cliente, que probablemente le hubiera invitado una copa. No me agradó mucho, pero qué iba a hacer, era su trabajo, ¿no? Si un amigo viniera a verme a mi trabajo para una visita social, me resultaría difícil atenderlo adecuadamente. A ella le pasaba lo mismo.

    Pensé, pensé, pensé… no podía interferir y saludarla, por que ese tiempo se lo debía a su cliente y a nadie más. O esperaba, o me iba. Pero si esperaba, ¿cuánto más debería esperar? En mi vaso quedaba ya poca cerveza. Miré la hora, miré el vaso, tomé el sorbo de cerveza que quedaba, agarré mi campera y me puse de pie con la decisión de irme.

    Pero no pude irme, pues alguien se interpuso en mi camino. ¿Quién? Sí, Mica. Estaba frente a mí, sonriéndome y saludándome. Y no sólo eso. Me invitó a sentarme con ella en un sillón apartado, para charlar un rato (sin que tuviera que pagarle, aclaro…).

    Puede parecer exagerado, pero en ese momento me invadió una felicidad que trajo a mi memoria un verso de mi tocayo Gustavo Adolfo Becquer:

    Hoy la tierra y los cielos me sonríen
    hoy llega al fondo de mi alma el sol
    hoy la he visto.., la he visto y me ha mirado...
    ¡Hoy creo en Dios!

    Sí, es exagerado. Pero bueno, me conformo con decir que me puso muy contento que finalmente los hechos ocurridos se ajustaran al mejor escenario posible de los que me había imaginado. Así era, había tenido el privilegio de ver el debut de Mica como stripper, y ahora estaba charlando con ella, y tenía la oportunidad de felicitarla por lo bien que lo había hecho.

    Obviamente, la historia no termina ahí. Pero mi tiempo para relatarla sí (por ahora), así que el resto de la historia quedará para otro momento.

    May 19

    Mario Benedetti, 1920 - 2009

    Maestro pintor de emociones con el pincel de la palabra, hasta Favaloro habrá envidiado tu capacidad para llegar a tantos corazones. Y quién sabe cuántos destinos has cambiado con una orden tan fácil de emitir como difícil de cumplir: "No te salves".


    May 17

    Ella se llama Micaela (retrato textual)

    Ella se llama Micaela. No es su nombre verdadero, claro está. Es su nombre artístico. Sí, ella es una artista, aunque no canta, ni baila, ni actúa (de hecho, podría considerarse que su arte es una rara combinación de esos tres). Su arte tiene, además, una particularidad: no se exhibe ante un público multitudinario, sino ante un público mínimo, compuesto por una única persona. Eso es justamente lo que lo hace tan especial, por el hecho de que cada función puede personalizarse para satisfacer los gustos y deseos de ese único integrante del público.

    Como todo buen artista, Micaela se entrega en cuerpo y mente en cada función. Pero no entrega su alma; sí la deja ver, deja que el público la admire, la abrace, y quizás hasta baile con ella, pero su alma es sólo suya. Seguramente es por eso que no da besos, puesto que sabe que la boca es el medio por el que las personas comparten sus almas. “Los besos tienen dueño”, contesta ella con dignidad y orgullo, cuando su público le pide uno.

    Lógicamente, como todo artista, Micaela cobra por ejercer su arte. El concepto de “amor al arte” es, cuando menos, engañoso. Al igual que el término “prostitución”. El artista se debe a su público, es verdad, pero inevitablemente el público debe retribuir al artista de alguna forma, y esa forma es siempre monetaria. ¿Acaso todo artista que cobra por su arte incurre en la prostitución?

    Micaela tiene 21 años. Toda una vida por delante. Dos vidas, en realidad, puesto que tiene también una vida común, como cualquier chica de 21. Tiene su familia; padre, madre, hermanos, mascotas, amigos, todo. Y adora con devoción a cada uno de ellos, y es adorada por ellos a su vez. Micaela tiene también un novio, que seguramente ignora los secretos de su actividad. “Pobre”, dirán algunos, “qué ingenuo”. Pero yo no. Yo pienso que es un privilegiado. Qué mayor privilegio puede pedir un hombre que ser el novio de una artista de la pasión, una experta del placer, de la cual puede no sólo poseer el cuerpo, sino también ser el dueño de su corazón. Lo envidio sanamente, si es que eso es posible. Ojalá sepa apreciar el regalo de ser el dueño de sus besos, de ser el único a quien ella se entrega en cuerpo y alma.

    Micaela sabe apreciar el arte en sus distintas formas. Le apasiona la literatura, el teatro, la música... será por eso que ella misma es una buena artista. Y tiene también una carrera, que nada tiene que ver con su actividad actual. ¿Por qué –podrá preguntarse alguno– se dedica a ejercer ese menospreciado arte? Habrá quienes le busquen el lado psicológico y argumenten algún déficit afectivo sufrido durante la infancia, que quedó tatuado en su subconsciente y ahora aflora como la necesidad de buscar en cualquier hombre el amor que su padre no le dio… pero nada que ver. Nada que ver.

    La excusa inicial fue la necesidad de ganar dinero rápidamente. Y de seguro es la excusa con la que se convence a sí misma para continuar. Pero detrás hay algo más. Seguro. Imagino que ella aprovecha cada encuentro con un hombre para perfeccionarse, para acumular experiencias, para ser mejor. Por que su arte no consiste sólo en dar a su público un placer físico que dure unos minutos. Muchas veces consiste en escuchar, en entender, en aprender. En aprender sobre los hombres, sobre aquello que los motiva, sobre lo que los diferencia y lo que los domina. En sentirse orgullosa por poder enloquecer de excitación al más frío. Estoy seguro de que Micaela busca en su trabajo una satisfacción que va más allá del dinero. Siendo una artista, me imagino que la máxima satisfacción a la que puede aspirar es ver a su público llorando de emoción luego de una función magnífica. “Si este es mi trabajo, lo voy a hacer lo mejor que pueda”, debe pensar en sus momentos de sosiego.

    Es un hecho que, en algún momento, Micaela dejará esa actividad y volverá a ser simplemente la chica que conoce el común de la gente (cosa que me alegra y me entristece a la vez). Pero, a diferencia de la gran mayoría de las mujeres, podrá en un futuro recordar y aprovechar las experiencias vividas durante sus días de artista del placer; experiencias que ninguna otra actividad podría darle. Y para qué estamos en esta vida, sino para acumular la mayor cantidad de experiencias que estén a nuestro alcance, y aprender de ellas todo lo que nos sea posible.