La ciudad es un desierto
que observa mi derrotero
de sed ya casi muero
y de ceniza estoy cubierto.
Un oasis veo en el asfalto
y en su interior hay un harén
dulces aromas, suave satén
y una luz roja en lo alto
En el harén una sirena
me despierta con su canto
me seducen sus encantos
aunque mi sed no se serena.
Puedo caer en un abismo
si no me afirmo en mi sostén
no hay oasis, no hay harén
todo es un vil espejismo.
