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December 23 Pequeño relato "La mañana siguiente"(dedicado a Karo, mi nueva musa inspiradora) La mañana siguiente
La habitación está completamente a oscuras. Sólo sé que estás ahí por que escucho tu respiración mientras dormís. No sé exactamente qué hora es, pero creo que falta poco para que amanezca. Estoy recostado contra la cabecera de la cama, aún desnudo, esperando a que las primeras luces del alba comiencen a filtrarse por las rendijas de la cortina para poder contemplar tu figura; cosa que anoche no pude hacer. Era tal nuestra desesperación por aplacar nuestros deseos y nuestra sed de orgasmos, por tocarnos, besarnos y amarnos, que no hubo forma de detenerme a mirarte. Aunque sí recuerdo cuando te vi anoche por primera vez, bailando en la pista, tu cuerpo entallado en ese vestido negro que resalta tus virtudes. El mismo vestido que ahora está tirado descuidadamente en el piso. También recuerdo tu ropa interior, por que luego de que te quitaste el vestido, me tomé unos segundos para mirarte. Pero fueron sólo unos segundos, por que en seguida te arranqué las prendas íntimas para descubrir tu piel. El primer haz de luz aparece tímidamente colándose por una rendija, rebotando contra uno de los muchos espejos de la habitación y partiéndose en múltiples haces para iluminar distintos puntos del ambiente. Es un curioso efecto visual (sobre todo por que anoche ni reparé en los muchos detalles de esta habitación de hotel), pero a mis ojos no les interesan las bagatelas ópticas. Tienen un mejor espectáculo para ver: tu cuerpo desnudo. Pero las sábanas obstaculizan el cumplimiento del deseo de mis ojos. Esas infames piezas de tela roja ocultan todo el trayecto desde tus hombros hasta tus rodillas. No me queda otra alternativa más que sacarlas muy delicadamente, para evitar que te despiertes, ya que si te despertás, no voy a tener total libertad para contemplarte. Con la punta de mis dedos agarro la sábana y comienzo a retirarla con extrema lentitud, bajándola hasta tu cintura. La lentitud con que descubro tu cuerpo me excita bastante, pero me reprimo. Este momento es para los ojos, ya que el resto de mi cuerpo tuvo su fiesta anoche. Al llegar con las sábanas a tu cintura me detengo, para comprobar si seguís dormida. Escucho un tenue ronquido tuyo que me hace reír un poco, pero a la vez me da la tranquilidad de que, hasta ahora, logré tener éxito en no despertarte. Es hora de retomar la tarea. Un par de nuevos haces de luz entran por las rendijas, delineando y resaltando algunas de tus curvas. Tomo otra vez la sábana con la punta de mis dedos y comienzo a descubrir tu cadera. Mis ojos ya comienzan a vivir su fiesta al contemplar tus glúteos, apenas iluminados. “Es una suerte que te hayas dormido de espaldas a mí”, pienso. Sigo bajando hasta liberar tus muslos de la censura de las sábanas y terminando de exponer la totalidad de tu cuerpo a mis deseos visuales. Me arrodillo en la cama para contemplarte desde distintos ángulos, mientras nuevos haces te tiñen de brillos dorados, haciéndote parecer una estatua. Mis dedos se desesperan por tocarte, pero no ansiosamente (como anoche), sino con suma suavidad y lentitud, recorriendo tu piel como si pudieran saborearla. Pero aún no puedo hacerlo; en cuanto te toque te vas a despertar, y la fiesta de mis ojos va a terminar. Todavía quiero disfrutar un poco más del espectáculo. La luz que se filtra por la ventana sigue aumentando, y pronto va a llegar a tu rostro y a tus párpados, causándote un molesto despertar. No voy a permitir que esos haces de luz me quiten el privilegio de despertarte con caricias y besos, así que, ojos míos, lo siento por ustedes, pero su fiesta tiene que concluir. Eso sí, voy a elegir con cuidado el sector de tu cuerpo que voy a acariciar primero, ya que va a ser el único que podré acariciar antes de que te despiertes. Voy a dejar que tu cuerpo me indique qué área quiere ser acariciada con más urgencia. Voy a detener mi vista en las áreas claves, para tratar de detectar una señal que signifique “a mí, acariciame a mí”. Me detengo primero en tus mejillas, luego en tus hombros, tus brazos, tu espalda, tus pechos, tu cintura, tu abdómen, tus caderas… al mirar fijo tus caderas, noto que se menean en forma casi imperceptible. Es la señal; las caderas son las ganadoras de la primer caricia de la mañana. Apoyo suavemente mi mano izquierda en el costado de tu cadera, alcanzando a rozar apenas algunos vellos de tu pubis con la punta de mis dedos, y comienzo a acariciarte, despacio. Una leve sonrisa se dibuja en tu rostro. Imagino que estás despertando, aunque tus ojos siguen cerrados. Entiendo eso como un permiso para seguir acariciando otras zonas. Con la mano derecha comienzo a recorrer tu espalda en toda su longitud, llegando apenas hasta el principio de tus glúteos, mientras la izquierda se deleita acariciando tu muslo izquierdo, cadera y cintura. Finalmente, me recuesto detrás de ti y dirijo mis labios hasta tu hombro izquierdo, para besarlo y humedecerlo ligeramente. Tus párpados se abren. Me pregunto cuál será tu reacción al verme. ¿Te acordarás de quién soy? ¿Querrás escaparte rápidamente, lamentando el error cometido anoche? ¿O me abrazarás y besarás, para amarnos otra vez? Comenzás a girar tu cuerpo para enfrentarme, mientras retiro mis manos y mis labios, de forma tal de darte espacio y libertad para acomodarte. Tu mirada se alinea con la mía. –Hola –decís, regalándome tu máxima sonrisa, al tiempo que la luz del sol invade la totalidad de la habitación, obligándonos a entrecerrar los párpados. Rodeás mi cuello con tus brazos, aproximando más tu cuerpo al mío, haciendo chocar tus labios y lengua con los míos, en un beso apasionado e interminable. December 19 Cuento: La amante de la luna llena, 3ra parte(Autor: Yo)
(ver la primera y segunda parte en posts anteriores de este blog)
Pasaron ya dos semanas desde aquella fiesta de casamiento. Todas las noches transcurridas desde aquél día soñé con Andrea. Algunos sueños presentaron hechos inverosímiles, como por ejemplo que Andrea se aparecía en mi trabajo como si fuese una compañera más. Otros fueron verdaderas pesadillas: el aspecto de Andrea pasaba de angelical a fantasmagórico sin previo aviso, causándome un violento despertar. En otros sueños, simplemente caminaba tranquilamente junto a ella por la playa, a la luz de la luna. Luego de estos últimos sueños, me despertaba con una sensación de paz y serenidad indescriptible.
Faltan trece días para la próxima luna llena; es curioso, nunca antes en mi vida estuve tan pendiente de las fases de la luna. Me consume la intriga sobre la mujer que me citó para encontrarnos en la playa de Bello Horizonte la próxima noche de plenilunio. Pero no es sólo intriga. Deseo fervientemente verla de nuevo, estar con ella. Tal vez me enamoré de un fantasma.
Decido hacer un poco de investigación. Y para eso, qué mejor que recurrir a Google.
Ya terminé de cenar. Es la hora en la que habitualmente intento encontrar en la TV alguna película que no haya visto antes. Pero esta vez cambio la televisión por la computadora.
Busco en Google “bello horizonte fantasma luna llena”. Navego entre los primeros resultados, sin demasiado éxito, hasta que encuentro un blog sobre fenómenos paranormales en Uruguay que habla específicamente del “cuento de viejas” sobre el que me alertó el cuidador de la fiesta. Se refiere al fenómeno en particular como el “fantasma de Bello Horizonte”, explicando que se trata de una mujer que se ahogó en las traicioneras playas del balneario, una noche de luna llena. La descripción del fenómeno incluye algunos datos adicionales que llaman mi atención; por ejemplo, menciona que la noche de su muerte, la mujer y su amante yacían en la rompiente de las olas, amándose tan apasionadamente que no notaron que estaban siendo atrapados por la marea alta. En el momento de mayor éxtasis, el mar de fondo los arrastró hacia lo profundo. Según dice la leyenda, el hombre sobrevivió, pero ella desapareció bajo las aguas. Desde ese día, el fantasma de la dama aparece cada luna llena, en busca de su novio (o más bien de otro novio) para llevarlo con ella a lo profundo del océano.
La leyenda no incluye ningún dato concreto que le dé credibilidad al relato, pero al compararlo con mi experiencia personal, la similitud me produce escalofríos. Sólo me surge una pregunta: si es que la supuesta mujer fantasma viene a buscar novios para llevárselos con ella, y la mujer con quien hice el amor fuera realmente la fantasma, entonces ¿por qué no me llevó con ella? ¿Realmente estoy considerando la posibilidad de que exista esa fantasma? Debo haber enloquecido, pero así es, lo estoy considerando seriamente. Además, yo siempre pensé que los fantasmas eran transparentes y etéreos, y que flotaban en el aire; nunca creí que pudieran aparecer como personas de carne y hueso; y mucho menos, que fueran capaces de mantener relaciones sexuales.
Decido contactarme con el autor del blog para que me informe más sobre la leyenda. Para evitar el riesgo de que me tome por loco e intente sacar provecho de mi credulidad, le explico a través de un mail que soy un habitante de Bello Horizonte y que, por esa razón, me llamó particularmente la atención la leyenda. Con esa excusa, le pregunto cómo se enteró del fantasma de Bello Horizonte y cómo obtuvo los detalles de la historia.
Al día siguiente, recibo la respuesta esperada. El mensaje del autor del blog dice así:
Querido Andrés: Gracias por visitar mi blog. Me alegra que te interese el tema de los fenómenos paranormales. La historia del fantasma de Bello Horizonte llegó a mis oídos a través de una supuesta víctima indirecta del mismo. Una mujer del balneario asegura haber enviudado por culpa de la dama de la luna llena. Esta mujer me contó que su difunto marido, después de una pelea conyugal (ocurrida una noche de luna llena, casualmente) resolvió ir a caminar solo por la playa. El hombre volvió la mañana siguiente, sin su camisa; aparentemente no explicó a la mujer por qué no la traía. La cuestión es que, durante los 28 días siguientes a ese hecho, el hombre se comportó en forma extraña. Según la descripción de la viuda, se encontraba todo el tiempo como perdido, pensando en algo de lo que no quería hablar. La siguiente luna llena, el hombre se fue de su casa sin siquiera saludar, y no volvió jamás. La mujer asegura que fue víctima del fantasma, cuya leyenda no conocía hasta ese momento. Se enteró después, hablando con las viejas de la zona. Espero que te haya gustado la historia. No la corroboré personalmente, pero si estás por la zona y se te da por ir a la playa una noche de luna llena, estate atento a ver si ves a la fantasma, y si fuera así, contame tu experiencia para completar la historia. Eso sí, tené cuidado que no te lleve con ella! Jajaja! Saludos, Miguel Ángel
Al leer el final del mensaje, realmente no me da mucho entusiasmo por compartir las risas del autor.
Hay un detalle de la historia de Miguel Ángel que me llama la atención: cuando el hombre vuelve a su casa luego del primer supuesto encuentro con la fantasma, no tiene su camisa. Me da a pensar que la dama dejó escrita en ella un mensaje similar al que dejó en la mía, y el hombre la ocultó para no tener que dar explicaciones a su esposa. Necesito contactar a la viuda para obtener más información sobre el hecho que causó la desaparición de su difunto esposo, así que le escribo nuevamente a Miguel Ángel para pedirle que me dé los datos de la mujer. El autor del blog me contesta que sólo tiene su dirección de e-mail, la cual me detalla en el mensaje. Su nombre es Angelina.
Comienzo a escribirle un mail. “Querida Angelina”, y hasta ahí llego. ¿Qué le digo? ¿Lamento lo de tu esposo? No, me suena falso, aparte no sé cuándo ocurrió, tal vez hace mucho de esto y ya ni tiene sentido darle mis condolencias. Tengo que ser más sincero y directo, y decirle por qué necesito hablar con ella.
Querida Angelina Me enteré de la historia de tu esposo, y creo que la historia de la fantasma de Bello Horizonte es verdad, por que yo estuve con ella. Como prueba, tengo una camisa en donde escribió que me espera la próxima luna llena. Necesito hablar contigo para decidir qué debo hacer. Espero que estés dispuesta a ayudarme. Por favor, dame un número de teléfono a donde pueda llamarte, o si no, te doy mi número para que me llames. Desde ya, muchas gracias. Andrés.
Transcurren un par de días hasta que recibo la respuesta de Angelina con su número de teléfono, comentándome que está dispuesta a ayudarme. Es algo tarde cuando leo el mail, pero no quiero esperar, así que la llamo, asumiendo el riesgo de que no me atienda. Pero afortunadamente contesta la llamada.
–¿Hola? –¿Angelina? –Sí, ¿quién habla? –Hola, mi nombre es Andrés. Yo te mandé un mail, por lo de la historia del fantasma, no sé si me ubicás… –Andrés. Sí, te ubico. –Buenísimo –le digo–. Ante todo, te agradezco por responder mi e-mail y por estar dispuesta a ayudarme, y te pido disculpas por llamarte a esta hora, pero es que… –No te preocupes –me interrumpe–. No tengo problema en que hablemos de lo que me pediste, pero prefiero que lo hagamos personalmente, no por teléfono. ¿Vos venís por Bello Horizonte en algún momento? –Bueno, yo vivo en Montevideo, en el centro. No tenía planeado ir para allá, pero puedo darme una vuelta el fin de semana, si no tenés inconveniente. –Perfecto. El sábado a la tarde, ¿puede ser? Te explico cómo encontrar mi casa.
Tomo nota de las indicaciones de Angelina para llegar a su casa y encontrarnos allí el próximo sábado por la tarde. La breve charla telefónica me deja la sensación de que Angelina está ansiosa por contarme algo. ¿Debería llevarle algún regalo, o algo en gesto de agradecimiento? Unas flores, podría ser, o unos bombones, o algo para el mate… ya veré.
Continuará... |
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