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November 27 Vida sexual de los caracoles En estos días en que la lluvia casi no dio tregua (al menos en Buenos
Aires), verdaderos ejércitos de caracoles invadieron el jardín de mi
casa. Debido a que las persistentes lluvias se vieron acompañadas por
frecuentes cortes de luz y/o de la TV por cable, pocas fuentes de
entretenimiento quedaban fuera de leer algún libro, tocar la guitarra u
observar el desfile de caracoles que lentamente atravesaba el jardín.
Lógicamente, esta última opción fue la preferida en la mayoría de los
casos. Durante los largos períodos de observación de los invertebrados, alguna que otra reflexión asomó a mi mente. Por ejemplo: ¿qué es lo que motiva al caracol a atravesar el jardín con su andar dificultoso, enfrentándose al riesgo de que algún pisotón distraído quiebre la falsa sensación de seguridad que le da su caparazón? La respuesta me pareció obvia. La motivación del caracol es la misma que la que tenemos todos los hombres para hacer todo aquello que hacemos: comer y procrear. ![]() Mis reflexiones me llevaron a preguntarme cómo sería el ritual de apareamiento del caracol (no podía buscarlo en Internet puesto que no había luz). Supuse que en dicho ritual no habría mucho espacio para insinuaciones, histeriqueos o desprecios, por varias razones, siendo la principal la lentitud de movimientos. Me puse en el lugar del caracol macho. En mi lento y babeante derrotero por el jardín, son pocas las oportunidades de cruzarme con algún congénere, y menos aún las oportunidades de cruzarme con algún congénere del sexo opuesto. Por lo cual, si por uno de esos milagros de la naturaleza, logro toparme con una caracola, no debo desperdiciar la oportunidad para darle masa, y de esa forma asegurar la perpetuación de la especie. Nada de decir "nooo, que bagayo, voy a esperar a que venga otra caracola más buena". No. Esperando o buscando otra caracola, podría agotar mis reservas de baba y verme obligado a quedarme quieto a esperar una reseca muerte. Pensé que los seres humanos deberíamos imitar un par de cosas del caracol: andar despacio y sin rumbo, vivir con lentitud en una actitud contemplativa, babear sin reparos, y darle con entusiasmo a todo aquello que se nos cruce (siempre y cuando sea del sexo opuesto). Claro que, tras estas reflexiones, volvió la luz y pude retomar mi costumbre estupidizante de mirar la tele sin necesidad de usar el cerebro. November 23 ¿Qué es más importante? ¿El placer o el dinero? (parte III)A pedido del público, aquí va la tercera parte de esta pequeña fantasía erótica. Si bien lo demás "era anecdótico" (como dije al final de la parte II), me motivaron a darle una conclusión a este imaginario encuentro amoroso... ![]() (leer la parte I) (leer la parte II) Su cuerpo está encima del mío, cabalgándome con desesperación y gimiendo sonoramente. Pero no quiero que todo termine tan rápido. Con mis manos aferro su cintura para detenerla. "Más suave", le digo. "Con calma, hay tiempo". Me hace caso. Mientras me sonríe con su cara angelical, comienza un lento vaivén, ondulando su espalda con la suavidad y lentitud con que se mueven las olas en un mar calmo. Su sexo y el mío bailan húmedos al compás de una lenta e imaginaria música. Sin dejar de mirarme a los ojos ni detener sus movimientos, yergue su torso para quedar sentada sobre mí y liberar su manos, de forma tal de poder usarlas para acariciar sus pechos. También me siento y la abrazo, aferrando su cuerpo contra el mío, dejando mi rostro a la altura justa para besar y lamer sus pezones. Ella a su vez se aferra de mi cabeza y la mantiene apretada contra su pecho. Agarro sus glúteos fuertemente para regular la intensidad de sus movimientos, pero mi intento es inútil. La inminencia de su orgasmo le otorga una fuerza sobrehumana. Con sus ojos de fuego y mostrando sus dientes como perra furiosa, me empuja hacia atrás y se reclina sobre mí, apoyando sus manos sobre mi pecho, casi clavando sus uñas en mi piel. El ondular de su cintura se torna brusco y espástico, acelerando la llegada de un clímax que toma por asalto la totalidad de nuestros sentidos. Sus alaridos de placer me ensordecen. Clavo mis uñas en las sábanas al tiempo que arqueo mi espalda y aprieto los párpados. Mi cuerpo se estremece e involuntariamente comienza a bombear en el interior de su cuerpo. Suelto un extenso grito de placer y relajación. Mantengo los ojos cerrados mientras mi respiración y mis latidos vuelven a su ritmo normal. Luego los abro para descubrir su mirada fija en mí, su aliento jadeante, su piel transpirada, su pelo revuelto. Su pecho se expande y se contrae al ritmo de una respiración que no logra serenarse. Extiendo un brazo para tomar la billetera, pero me veo impedido de alcanzarla. Su mano me lo impide, aferrando mi muñeca con firmeza. La miro intrigado. "No, no me pagues todavía. Esto recién empieza". Ante tal declaración, sonrío sin saber exactamente qué es lo que está por suceder. Falto de energías para intentar cualquier movimiento, me entrego a sus deseos, a lo que desee hacer con mi cuerpo, a lo que sea que esté dispuesta a cambiar por el contenido de mi billetera. November 20 Raincheck = decepción (o algo así) Los yanquis tienen una capacidad admirable para sintetizar en una o en pocas palabras conceptos que en castellano llevan párrafos enteros para explicarse. Por ejemplo, la palabra raincheck. Cuando los yanquis no pueden acudir a una cita por razones de fuerza mayor, simplemente le dicen "raincheck" a la persona con quien debían encontrarse, queriendo decir que lo lamentan pero no podrán acudir, que lo dejan para otro momento, etc. Averiguando un poco, aprendí que en USA, cuando un partido de béisbol se suspendía por lluvia, le daban a la gente un "ticket de lluvia", o rainchek, válido para cuando el partido finalmente se llevara a cabo. Toda esta introducción es para explicar que ayer recibí un raincheck, en la forma de un mensajito de texto, de parte de mi amiga, explicándome que por motivos laborales no podría acompañarme al boliche swinger. El mensaje simplemente decía: "Hola, estoy trabajando, hoy imposible". Obviamente que ni en pedo iba a ir yo solo al boliche. Así que, en conclusión, para mí este raincheck resultó equivalente a una decepción. Me queda la esperanza de ir otro día (la esperanza es lo último que se pierde). Admito que la cancelación de la aventura swinger me alivió los nervios en gran medida, pero fue un alivio acompañado por una desazón. Qué se va a hacer, me quise portar mal y no pude. Una pena. Justo cuando mis ímpetus aventureros estaban reviviendo... November 19 Llegó el día En estos momentos me consume la intriga y la incertidumbre. Por suerte, eso no fue impedimento para dormir bien anoche. Me pregunto qué tendré para contar mañana por la mañana... November 17 ¿Yo, swinger? Estamos todos locos... O sea, para poner las cosas en perspectiva: el tipo perdió la virginidad recién a los 20 años (dos semanas antes de cumplir los 20, para ser más exacto, pero no hace a la diferencia). Hasta los 40 no estuvo con otra mina que no fuera su esposa. ¡Y ahora se va a un boliche swinger! ¡¡Y en compañía de una amiga a la que sólo vio en persona una vez!! Es innegable: estamos todos locos. Justo que yo me estaba quejando (a través de una nota en el perfil de mi amiga Sirena) de que últimamente no me sucede nada excepcional, y que ando aletargado, sin ganas de hacer nada... parece que al destino le gusta darnos sorpresas, pero espera a que estemos distraídos. Si esperamos ansiosamente las sorpresas, lo más probable es que no pase nada. Y justo cuando pensamos que no pasa nada, ¡zas! el destino nos sacude con algo inesperado. "La vida te da sorpresas, sooorpresas te da la vida...", como dice Rubén Blades. Bienvenidas sean las sorpresas, pues sin ellas, la vida es un aburrimiento. En fin, la cita es este jueves al mediodía. Vamos a ver qué pasa. Me acuerdo de mi aventura del año pasado, la ansiedad de los días previos... pero hubo una diferencia, o más bien varias diferencias. Para empezar, lo del año pasado fue planeado con más anticipación; por lo menos 10 días antes ya habíamos acordado con mi compañera de fantasías la fecha, la hora y el lugar en que ocurriría el encuentro. En esta ocasión, mi amiga me dijo apenas anteayer: "¿vamos este jueves al boliche swinger?". Y qué le iba a decir... obviamente, dije que sí. Otra diferencia importante es que el año pasado yo sabía QUÉ iba a hacer. Sabía que me encontraría con mi compañera, iríamos a un hotel, nos miraríamos a los ojos, nos desnudaríamos, etc. etc. etc... ("lo demás es anecdótico"). Pero acá no tengo ni idea de qué es lo que va a pasar. Nunca fui a un boliche swinger. Sé más o menos cómo funciona la cosa, pero hasta ahí. Con lo cual, la incertidumbre me pone mucho más ansioso. Aparte tengo un leve prejuicio contra los swingers. ¿Cómo es la onda? "Tomá, te presto a mi novia un rato, vas a ver qué bien que garcha. Mientras, ¿me prestás a la tuya?" No sé, me da como que los swingers necesitan que los demás aprueben la calidad de la mina con la que está uno (o del chabón con el que está una) Qué se yo. Lo único seguro es que, después de esta nueva aventura, vendrán los relatos... espero que haya algo que valga la pena relatar!! |
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