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    October 31

    20 días después de cumplir mi fantasía

    HechizoDelTiempo Hace tiempo vi una película que se llamaba “Hechizo del tiempo” (aunque la traducción literal del nombre en inglés era “El día de la marmota”, pero no viene al caso), en la que el protagonista vivía una y otra vez el mismo día, despertándose cada mañana en la misma fecha, repitiendo exactamente los mismos acontecimientos. Lo único que él podía cambiar era su accionar con respecto a las situaciones repetidas en las que se encontraba. Así, el tipo fue aprendiendo sobre sí mismo y sobre cómo ser una mejor persona, hasta que al final el destino le dio el OK y lo dejó pasar al siguiente día.

    Ojala me hubiera pasado eso el pasado 11 de octubre. Quisiera haber podido vivir ese día una y otra vez. Y no es solamente por la cuestión del sexo (que, obviamente, fue lo principal), sino por todo lo que viví ese día desde el momento en que me desperté. Quisiera poder vivir la espera, el momento del encuentro, el primer beso, toda la cuestión sexual (lógicamente), la charla posterior, y hasta el corto viaje en colectivo (para una descripción detallada de lo ocurrido ese día, ver mi entrada de blog del 13/10, titulada “Carta a mi compañera de fantasías”).

    Si tuviera la posibilidad de vivir muchas veces ese día, probaría ir cambiando mi accionar ante ciertas situaciones, para ver qué efecto producen esos cambios. Por ejemplo, aprovechar el minibar y el hidromasaje de la habitación, que estaban ambos ahí, a nuestro alcance, y ni los usamos. Una lástima…

    Otra cosa que haría es ir en auto, para que no tuviéramos que pasar el bochorno de entrar al hotel caminando. Aunque no sé qué es más bochorno, dadas las lamentables condiciones de mi auto.

    También aprovecharía para ir probando distintas cosas en la cama, intentando aumentar el placer mutuo un poco cada vez. Y quizás llevar una cámara para registrar en imágenes (discretas, donde no se nos vieran las caras) algunos de los momentos vividos. Al fin y al cabo, si no fuera por las fotos de nuestros spaces, ni nos hubiéramos conocido, así que hagámosle honor a las fotos. Y ahora que lo pienso, eso de posar en fotos eróticas es otra de las fantasías que me gustaría hacer realidad…

    Y estaría bueno repetir la aventura para llevar, cada vez, una prenda distinta de ropa interior, así vamos conociendo la colección de cada uno.

    Entiendo que esas cosas pasan sólo en las películas; aunque yo decía lo mismo de mi fantasía, y sin embargo se hizo realidad… pero es imposible volver el tiempo atrás y experimentar todo otra vez.

    Me imagino otra situación igualmente imposible: viene el destino, apiadándose de mis ansias por volver a vivir el pasado, y me dice: “Voy a ser generoso. Te voy a dejar volver a experimentar sólo uno de los momentos que viviste ese día. ¿Cuál elegís?”.

    Ni lo dudo. Elijo el primer beso.

    October 25

    Ayudasentimientos

    La mente y el corazón cumplen funciones parecidas de almacenamiento: la primera guarda información, y el segundo, sentimientos. Ambos cumplen sus funciones a la perfección, pero su trabajo muchas veces se desluce por culpa de los imperfectos medios que dan acceso a lo que almacenan. La prueba está en lo que nos cuesta acordarnos de ciertas cosas; la información está en nuestra mente, cada instante desde el momento en que nacimos es recordado, pero la dificultad para acceder a esa información hace que a veces ésta resulte tan inútil como la que guardaría un diccionario desordenado y carente de índice.

     

    Por eso es que los seres humanos hemos creado diversos mecanismos para superar esa imperfección en el acceso a nuestros bancos de memoria. Los bien llamados ayudamemorias pueden tener la forma de una agenda, un piolín atado en el dedo, una alarma puesta en un reloj, o la confianza en que alguien con sus mecanismos de memoria más aceitados nos haga acordar de algo. Con mayor o menor efectividad, todos estos ayudamemorias buscan liberar el potencial de la mente, facilitando el traslado de la información que ella guarda hasta el mundo de lo concreto.

     

    Lo que no hemos hecho los seres humanos, o al menos no conscientemente, es crear similares mecanismos para los sentimientos que almacena el corazón. Cuando no accedemos a estos sentimientos con la suficiente frecuencia, el camino que nos conduce a ellos se va deteriorando, dificultando el acceso cuando queremos volver a emocionarnos por algo. Para mantener limpio ese camino, deberíamos recurrir a los ayudasentimientos: objetos concretos que se conectan directamente con algún lugar secreto dentro del corazón. Puede ser una foto, una flor seca, un pañuelo perfumado, un dibujo en una servilleta de papel... las posibilidades son infinitas, y además, personalizadas: sólo tienen significado para una, o dos, o a lo sumo un pequeño grupo de personas.

     

    El problema es que estos mecanismos son más misteriosos e impredecibles que los ayudamemorias. Un ayudasentimientos hoy nos puede llenar de alegría, y mañana, de tristeza, puesto que no apunta al sentimiento en sí, sino a una ubicación dentro del corazón. Si en esa ubicación antes había un sentimiento feliz y ahora uno triste, el funcionamiento del ayudasentimientos variará de igual forma.

     

    Por otra parte, los ayudasentimientos son menos prácticos que los ayudamemorias. No hay, por ejemplo, una agenda capaz de guardar cualquier posible ayudasentimientos, por su diversidad de formas, tamaños y materia. Un ayudasentimientos puede ser tan pequeño como una semilla, y tan inconmensurable como una constelación lejana. Por esta razón, la única forma viable de ayudar a mantener accesibles aquellos sentimientos que no queremos perder consiste en tener siempre a mano una lista de acciones a realizar cada una a su debido tiempo; cada acción consistirá en el uso de algún ayudasentimientos. La siguiente es una lista de ejemplo:

     

    • cuando haya luna llena, ir a la plaza y mirarla durante 10 minutos.
    • una vez cada dos días escuchar algún tema del disco “Help” de Los Beatles.
    • todas las mañanas al levantarme, oler el pañuelo con perfume de violetas que tengo guardado en el cajón.
    • a mediados de septiembre, ir a Bariloche y mirar el lago por la noche desde el centro cívico.
    • un domingo, entrar a escondidas en el jardín del club de golf a robar flores.
    • una vez al mes mirar la película “Mannequin”.
    • cada vez que pase cerca de ese hotel donde pasé aquellas horas maravillosas, tratar de adivinar cuál es la ventana de la habitación en la que estuve.

     

    Es conveniente mantener varias listas. Una de ellas se referirá a los ayudasentimientos personales. Luego deberemos mantener una lista por cada persona con quien compartimos sentimientos que queremos conservar. Las acciones de estas listas deberán ser compartidas; por ejemplo: “todas las noches, a las 11 en punto, pensar el uno en el otro”. También es posible mantener listas grupales, para mantener vivos los sentimientos entre un grupo de amigos. En estos casos las actividades son simples, y gracias a la memoria grupal, por lo general ni siquiera hace falta escribirlas: “fútbol los lunes a la noche”, “picada con cerveza los viernes después de la oficina”.

     

    Ocasionalmente, al cumplir alguna de las acciones de la lista, nos encontraremos preguntándonos cuál era el sentimiento al que queríamos acceder. Eso será una señal de que el lugar del corazón al que apunta el ayudasentimientos se encuentra vacío. Ante esa situación, las posibilidades son dos: tachar ese ayudasentimientos de la lista, o bien buscar  un nuevo sentimiento para ocupar el lugar en el corazón que ha quedado vacante. Particularmente, prefiero la segunda opción.

    October 24

    Buscando la próxima fantasía

    Sadness Y sí. Ya pasó el síndrome y la depresión post-vacaciones (aunque mis vacaciones duraron sólo dos mágicas horas). He vuelto a asimilar como propios los tonos grises de la vida cotidiana, luego de haber visto, por un corto laspo, los colores vibrantes de la fantasía.
    Como ocurre siempre que volvemos de las vacaciones, comenzamos a pensar e ilusionarnos con las próximas. Así estoy yo ahora, pensando afanosamente en cuál será la próxima fantasía con la que ocuparé mis pensamientos durante las horas de insomnio.
    October 13

    Carta a mi compañera de fantasías

    Cande:

    Gracias por hacer realidad mi fantasía. La realidad superó por lejos a todo lo que pude haber imaginado. Fue una locura, fue algo intenso, apasionado, hermoso… pero me parece que la mejor forma de describirlo es decir que fue un sueño. Sí, un sueño. De esos que cuando te despertás te sentís bien, que te dejan una sensación tan agradable que te querés volver a dormir para seguir soñando lo mismo.

    Pero esa sensación que te dejan los sueños se disipa en un ratito, en cuanto recuperás la lucidez y volvés a tu realidad cotidiana. En cambio, la sensación agradable que me dejó el sueño que soñamos juntos todavía me dura, y espero que me dure mucho tiempo más.

    El sueño comenzó (para mí) en el momento en que entré al MacDonald donde habíamos quedado en encontrarnos. Era temprano, faltaba como media hora para el momento que habíamos acordado. Así que me pedí un café, agarré el diario, busqué una mesa desde donde fuera fácilmente visible y me senté a esperar. Trataba de leer las noticias inútilmente, por que no lograba concentrarme en lo que decía el diario, mientras miraba alternativamente el reloj y el celular. Estaba preparado para que en cualquier momento llamaras para cancelar. Casi deseaba que pasara eso, para aliviar mis nervios y mis temores.

    El tiempo pasaba muy despacio.

    Faltaban aún 10 minutos cuando aparecieron un angelito y un diablito en cada uno de mis hombros. El angelito en mi hombro derecho me decía: “Gustavo, todavía estás a tiempo. No corras riesgos. Andate y llamala para disculparte, explicándole que no podés hacer esto. Así nadie va a salir lastimado. Todavía estás a tiempo”. Y el diablito me decía (sonriendo con cara de winner absoluto): “Gustavo, pensá nada más en esto: si te vas ahora, te vas a arrepentir. Vas a estar el resto de tu vida pensando en cómo dejaste pasar esta oportunidad”. Realmente, el argumento del diablito era mucho, pero mucho más contundente. Ya estaba jugado. No podía echarme atrás.

    Se hicieron las once y media, la hora señalada. Aún no aparecías. “Si no aparece, todo bien”, pensaba. “Me voy a casa y me quedo con el recuerdo de la previa, de todo lo que pudo ser y no fue, una anécdota más de fracaso, pero que al menos sé que estuve dispuesto a llevar hasta las últimas consecuencias. Igual es una anécdota más o menos interesante como para contar a mis amigos”. Pero no. Levanté la vista del diario y ahí estabas.

    Me saludaste con un beso en la mejilla y te sentaste a mi lado. Estabas nerviosa, igual que yo. Tenías las mismas dudas que yo, y eso me trajo algo de alivio. Me preguntaste si realmente quería seguir adelante, si estaba seguro. Creo que te contesté que sí… la verdad no sé, estaba casi paralizado. Menos mal que tomaste la iniciativa y dijiste “vámonos de acá”.

    Caminamos hasta el hotel (tal como había imaginado en mi fantasía). Una vez dentro de la habitación, nos sentamos a hablar. Las dudas, el miedo y los nervios seguían poniendo barreras entre nosotros. Otra vez me preguntaste si estaba seguro. Esta vez recuerdo que mi respuesta fue un sí contundente.

    Nos miramos a los ojos, y eso destruyó todas las barreras que se nos interponían.

    Tocaste mis labios, y segundos después me besaste. Un beso que no voy a olvidar nunca en mi vida. Ese beso soltó las amarras. Marcó un antes y un después: hasta ese momento, mis labios habían conocido el beso de una única mujer, a la que en ese momento le estaba siendo infiel; pero no pensé en eso. Recordaba la frase de una amiga: “sólo se puede ser infiel a uno mismo”.

    Mi corazón se aceleró, al igual que mi respiración. Comencé a jadear de placer; y eso que sólo nos estábamos besando. Nos abrazamos, nos acariciamos, comenzamos a conocernos a través de nuestros sentidos (como lo había descrito en mi fantasía). De a poco, comenzamos a desvestirnos. Mi piel empezó, de a poco, a conocer a la tuya.

    “Sos muy tierno”, dijiste. Es verdad. Y lo hubiera sido más, si hubiésemos tenido más tiempo para graduar la escalada de la pasión. Es que, para mí, el cuerpo de una mujer es como un instrumento musical delicado, al que hay que saber tocar para que emita los sonidos más armoniosos. Tu cuerpo (tu hermoso cuerpo) era como un instrumento nuevo y desconocido, al que yo hubiese querido explorar a fondo para saber dónde y cómo tocar para que expresaras tu placer de la forma más intensa. Me fascinó sentir la suavidad de tu piel en la punta de mis dedos, y creo que vos también disfrutaste mientras te acariciaba.

    Estuviste a punto de arañarme, pero te frenaste, para evitar dejar marcas en mi cuerpo que luego pudieran comprometerme. En ese momento, a mí no me importaba nada, pero por suerte guardaste un poquito de cordura para evitar lo que después podría haberse vuelto un grave problema. Gracias.

    Finalmente, cuando terminaste de sacarte ese conjunto rojo que te queda espectacular (gracias por lucirlo para mí!) y yo quedé liberado de mis boxers, llegó el momento de la verdad, de llevarnos mutuamente al clímax, de encaminarnos hacia el orgasmo. Ese es el momento en que los hombres sentimos en mayor medida la presión del momento; el momento en que el amor pasa a transformarse casi en un deporte. Yo nunca fui muy bueno para los deportes, pero quería que todo fuera perfecto. Estaba preocupado por los movimientos que haría, por cómo haría para regular la intensidad del hecho para que no terminara (por mi parte) demasiado pronto, y a la vez no disminuir la intensidad como para que la excitación se perdiera. Por otra parte, lo 40 años que llevo encima pesan lo suyo, y temía por mi rendimiento. Todo esto suena a excusas, pero creo que no hacen falta. Te escuché gozar, escuché tus gemidos de placer, y vos escuchaste los míos. Mi fantasía estaba cumplida, ahora era una realidad.

    Me acosté a tu lado, mientras mis latidos y mi respiración volvían a la normalidad. Allí estábamos, desnudos, transpirados, felices, relajados, mirándonos a los ojos. No podíamos creer lo que había sucedido.

    En mi fantasía yo había imaginado tres posibilidades para el instante posterior al sexo: vestirnos, saludarnos e irnos; ir juntos a tomar algo y charlar, o quedarnos allí acostados, hablando y conociéndonos de verdad (ahora que ya nos habíamos conocido a través de los sentidos). Por suerte fue la tercera opción.

    En ningún momento sentí ganas de interrumpir ese momento. Me sentía cómodo escuchando sobre tus sentimientos, tus afectos, tus problemas, tus temores, tu historia, y a la vez contándote sobre los míos. Fue más lo que escuché de lo que te conté, pero así soy yo, hablo poco. Sólo lamento una cosa de ese momento: cuando lo recuerdo, no entiendo cómo fue que no aproveché el tiempo para acariciar tu espalda o tus hombros mientras hablábamos. Te recuerdo acostada a mi lado, boca abajo, y mis manos ansían volver a recorrer tu cuerpo.

    Me hubiera quedado horas allí, en esa situación, pero llegó el momento de despertar del sueño. Tanto vos como yo tenemos una vida real, y a esa vida debíamos volver. Nos dimos un último abrazo y un beso antes de vestirnos, mientras reíamos sin terminar de asimilar lo que acababa de ocurrir.

    La casualidad quiso que siguiéramos juntos un rato más, compartiendo un viaje en colectivo. El viaje transcurrió mientras nos contábamos cosas triviales, como buenos amigos. Llegó el momento en que debías bajarte y yo debía seguir. Nos despedimos con un beso en la mejilla (nadie hubiera imaginado lo que habíamos hecho un rato antes) y el compromiso de mi parte para escribir este relato.

    Al quedarme solo en el colectivo, recordé lo que hablábamos minutos atrás: qué lástima que no nos duchamos juntos, como me habías sugerido días atrás en un mensaje. “Tal vez la próxima vez”, pensé. Y en seguida me surgió la pregunta: “¿habrá próxima vez?”. Yo deseo que sí. Pero sé que no será lo mismo. Me refiero a que, por más que hagamos exactamente las mismas cosas, nos encontremos en el mismo lugar, a la misma hora, etc., ya no será cumplir una fantasía, por que la mía ya está cumplida. Claro que nos queda la tuya… si todavía estás dispuesta, me gustaría ayudarte a hacerla realidad, como vos ayudaste con la mía.

    Como sea, quería decirte que me encantó conocerte. Como dije antes, superó a mi imaginación. Y ojalá que podamos vernos de nuevo, aunque más no sea para charlar y recordar (o tal vez revivir) lo que vivimos el sábado pasado.

    October 11

    Mi fantasía, día 0

    Llegó el día. Mi fantasía está por comenzar.
    Agradezco a todos los fieles seguidores de esta aventura por darme ánimos.
    Mañana (o pasado) voy a comenzar el relato pormenorizado de lo que está a punto de ocurrir.
    October 10

    A un día de cumplir mi fantasía

    Sólo falta un día. Ya tengo cuidadosamente armado el plan para escabullirme de casa. No quiero dejar ningún detalle librado al azar. El diablo está en los detalles, dicen, y yo prefiero que el diablo se quede fuera de esto. Incluso tengo un plan A y un plan B. Tengo planeados cada uno de mis movimientos, pero sólo hasta que la aventura comience. A partir de ese instante, cuando se produzca el encuentro, ya no sé lo que ocurrirá, y no lo quiero planear.

    La premisa es simple: en esa habitación sólo habrá lugar para dos personas, un hombre y una mujer, con sus cuerpos, sus deseos y sus fantasías. Todo lo demás deberá quedar afuera: las preocupaciones, los horarios, los problemas, las culpas. El tiempo y el mundo se detendrán en el momento en que cerremos la puerta de la habitación y quedemos solos en ella.

    “Después… ¿qué importa el después?”, dice el tango. Ya veremos. Sólo espero poder armar un buen relato de lo que haya ocurrido dentro de esa habitación, y excitarme cada vez que piense en ello.

     

    Continuará…

    October 09

    A dos días de cumplir mi fantasía

      Estoy experimentando los nervios previos a una primera cita. Y hace más de 20 años que no tengo una primera cita con alguien. Aunque no sé si lo que va a ocurrir el sábado puede llamarse cita. Pero da igual, los nervios son los mismos. O más intensos. Como sea, los estoy disfrutando.

    Generalmente me da mucha envidia cuando mis amigos, solteros o divorciados, se preparan para salir en una primera cita con una mujer. Ansiaba tanto sentir esos nervios, esa ansiedad, ese temor, esos millones de dudas con respecto a qué me voy a poner, qué voy a hacer, cómo resultará todo, si habrá química o no… ahora yo también estoy sintiendo esos nervios, y me gusta. El problema es que yo no soy ni soltero ni divorciado. Pero mi necesidad de experimentar esas sensaciones son más fuertes que cualquier razonamiento lógico. Por eso, una cita furtiva, secreta y prohibida como la que voy a vivir el sábado es lo mejor que puedo hacer sin tener que pasarme al sombrío equipo de los divorciados.

    A pesar de ser una primera cita, no será una cita común. Lo común es ir a tomar algo, o a bailar, o a cenar, o quizás a una reunión en la casa de un amigo o amiga. Pero en este caso no haremos nada de eso. Será una cita destinada únicamente al sexo.

    Dos días. Dos largos, interminables días. ¿Qué me voy a poner? ¿Hará frío o calor?

    Continuará...

    October 08

    A tres días de cumplir mi fantasía

      A veces pareciera que el destino jugara con nosotros al distraído. Cuando perseguimos intensamente un sueño (o una fantasía, como en este caso) y ponemos toda la energía y énfasis para llevar ese sueño o esa fantasía a la realidad, el destino nos priva de esa satisfacción. Pero es cuestión de que desviemos la vista por un instante, de que bajemos la guardia, para que el destino nos caiga con una sorpresa; a veces agradable, otras veces no.
    En este caso, para mí fue por suerte una sorpresa agradable.
    Y ocurrió hace apenas una semana. El miércoles 1/10.
    Hace dos años que armé este space. Desde el principio, busqué la forma de llamar la atención; principalmente, la del sexo opuesto. Para ello me saqué muchísimas fotos a mí mismo, intentando ser provocativo (con lo que se puede, obvio...). Dí a conocer mi colección de calzoncillos, y desnudé muchos aspectos de mí mismo. No siempre a través de fotos, en algunas ocasiones, a través de mis pensamientos, mis reflexiones, mis delirios, todos expresados a través de textos que buscaban ser interesantes para el potencial lector (o más bien para la potencial lectora).
    Pero no tuve demasiado éxito, salvo cosechar algunas efímeras amistades y alguna que otra extraña relación virtual. Eso fue hasta hace una semana, momento en que todo cambió.
    Volviendo un poco atrás en el tiempo, me doy cuenta de que mi cambio de suerte obedeció a una decisión mía y de nadie más: por primera vez decidí fotografiarme desnudo, pero respetando los códigos de conducta impuestos por los muchachos de Live Spaces (no mostrar desnudeces completas, o algo así). El resultado fue que algunas fotos resultaron ciertamente sugestivas... al menos para algunas personas, ya que otras me tildaron de degenerado, pervertido y otros calificativos. Pero eso no viene al caso.
    El hecho en cuestión fue que, el miércoles pasado, cuando yo ya estaba resignado a que jamás haría realidad mi fantasía, una amiga (virtual, aún) expresó su agrado por una de mis fotos a través de un mensaje.
    Al día siguiente contesté su mensaje agradeciéndole el comentario y sugiriéndole que nos contemos nuestras respectivas fantasías. Así comenzó un intercambio de mensajes que en forma subliminal iban cargados de un intenso y creciente deseo sexual, lo cual acabó por llevarnos a planear un encuentro secreto y prohibido para llevar a cabo mi fantasía (que también pasó a ser la de ella): tener sexo con una persona completamente desconocida.
    El viernes 3/10 al mediodía acordamos por mail una fecha, hora y lugar para nuestro encuentro: el próximo sábado 11/10 (perdón que no mencione la hora ni el lugar, pero la idea es que sea un encuentro íntimo).
    Desde el viernes pasado, mi mente no deja de imaginar cómo será ese encuentro. Para mí es una situación casi surrealista. En mi vida siempre tuve que remar hasta el agotamiento para llevar a una mujer a la cama. Esta vez, será cuestión de cruzar miradas y caminar juntos hasta el hotel donde haremos realidad nuestra fantasía de sexo furtivo, sin que exista nada previo, sin saber prácticamente nada el uno del otro.
    Para algunas personas, esto puede resultar algo cotidiano, pero para mí es totalmente inédito (y me viene a ocurrir a los 40 años...). Algunos me podrán decir que estas cosas son comunes cuando uno va, por ejemplo, a bailar. Está bien que hace mucho, mucho que no voy a bailar, pero sé que en el entorno de un boliche con música, luces, alcohol, etc., hay un preámbulo, una presentación, un "cortejo", si se quiere. Hay todo un entorno que predispone al sexo.
    Pero en nuestra fantasía, lo único previo está en nuestra imaginación. Apenas si sabemos nuestros primeros nombres, que bien podrían ser inventados.
    En tres días estaré en la intimidad, frente a frente, piel a piel, con una mujer que no conozco. O mejor dicho, de la que sólo conozco sus deseos.

    Continuará...

    October 04

    Desconocidos

    LoversStrangers No sé quién sos en realidad. No sé qué pensás, en qué creés. ¿Creés en Dios? ¿Tenés religión? No sé, no me importa.

    No conozco nada de tu cotidianeidad. Ni a tu familia, ni a tus amigos, nada.

    No sé de qué trabajás, ni cuáles son tus costumbres. ¿Qué música te gusta? ¿Qué películas vas a ver al cine? Nunca lo sabré.

    No conozco nada de vos, excepto algunas cosas…

    Te conozco a través de mis sentidos. Mi nariz conoce tu perfume, mis oídos conocen tus gemidos, mis dedos y mi lengua conocen la textura de tu piel, mis ojos te han visto desnuda.

    Mis manos conocen las curvas de tu cuerpo, por que las han recorrido de punta a punta, y conocen los rincones que te hacen estremecer al tocarlos. Conozco tu peso, por que has estado encima de mí. Conozco tus movimientos, por que hemos bailado juntos, desnudos, en la oscuridad. Conozco tu calor, por que me lo has dado de muchas formas.

    NakedDancing Conozco tus fantasías, por que las hemos hecho realidad entre los dos.

    Conozco algunas expresiones de tu rostro: de deseo, de placer, de dolor, de felicidad, de éxtasis, de serenidad. Sé en qué posición dormís.

    No sé quién sos en realidad. Pero te conozco, quizás como nadie te ha conocido jamás.goddess

     

    October 02

    Sexo a primera vista

    Esta es mi mayor fantasía: llevar a la cama a una mujer totalmente desconocida (sin tener que pagarle, por supuesto). Preferiblemente que sea linda, seductora, sexy, con buen cuerpo… pero lo principal es que sea alguien a quien yo nunca haya visto antes. Una total y completa desconocida.

     

    El encuentro entre nosotros tendría que ocurrir en un lugar público. Cualquiera puede servir: un bar, el pasillo de un supermercado, la cola del banco, un colectivo. La escena transcurre de este modo: ambos estamos distraídos, pensando en cualquier cosa, y de pronto nuestras miradas se cruzan. Al instante, adivino en sus ojos sus deseos por mí, y ella adivina en los míos el deseo recíproco. Sin decir una palabra, como hablando por telepatía, nos ponemos de acuerdo para dejar cualquier cosa que estemos haciendo e irnos juntos, caminando, hasta llegar al hotel más cercano. Una vez allí, en una habitación y sin mediar preámbulos, damos rienda suelta a nuestras pasiones más desenfrenadas.

     

    Luego de consumado el hecho (varias veces, de ser posible), nos presentaremos formalmente. “Hola, yo soy Gustavo”. “Encantada, mi nombre es María”. Quizás nos quedemos un rato charlando en la cama, desnudos, hasta que se termine el turno. O tal vez llevemos la charla a algún café cercano, donde podamos continuar dialogando, conociéndonos, vestidos y en un entorno más lícito. En ese momento intercambiaremos datos personales para seguir en contacto. O tal vez no. Probablemente luego de ese día no volvamos a vernos nunca más. Pero en cualquier caso, habré hecho realidad mi fantasía.

     

    Francamente, dudo mucho que esta fantasía se me haga realidad. Pero por suerte, soñar es gratis.

     

    ¡¡Un beso grande a todas las mujeres desconocidas, potenciales partícipes de mis fantasías!!

     
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