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Bienvenidos a mi lado oscuroReflexiones, confesiones, perversiones, literatura, filosofía, fotografía... en fin, todo lo que sale de lo más oscuro de mi turbada (o más turbada) mente. ¡No se vayan sin firmar mi libro de visitas! (abajo del blog) ¡Gracias! ¡Los quiero! |
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Libros que estoy leyendo en la actualidad, con mi opinión sobre cada uno de ellos.
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June 22 Frase célebre III“Es preferible esperar lo imposible antes que no esperar nada”.
–Yo. (no sé si esto será verdad... al menos, el que no espera nada no corre el riesgo de desesperar) June 15 Catálogo de pasiones (parte I)Hablemos de las verdaderas pasiones, esas que se basan en el deseo de un hombre por una mujer o viceversa.
Dejemos de lado las pasiones menores, como la pasión por el deporte, por el arte o “esa inexplicable pasión por los motores”, de la que hablan las chicas que conducen los programas de El Garage. Las pasiones inspiradas en el deseo sexual, entonces, pueden presentarse en distintas formas que varían según el entorno y las circunstancias en que se produce el encuentro entre los amantes. En este primer capítulo, tres pasiones: pasión urgente, pasión trascendental y pasión de cabarulo.
Pasión urgente: Hay poco tiempo, ya sea por que los amantes participan de un amorío ilegal y ambos tienen que volver con sus respectivas familias, o por que alguno de los dos está en la ciudad sólo por unas horas, o por que están compartiendo una visita conyugal en prisión. No hay tiempo para seducción, romance, juegos o insinuaciones. A arrancarse la ropa, un par de besos, y a darle con ganas. No es la pasión ideal, pero a veces la urgencia resulta ser un gran estimulante y llega a ser casi afrodisíaca.
Pasión trascendental: Ojalá la conociera. Dicen que es muchas veces más intensa que la más intensa de las pasiones carnales. Parece que para vivir esta pasión, hay que saber desdoblarse, es decir, dejar que el espíritu viaje libre sin la pesada carga del cuerpo físico. Han intentado enseñarme, pero supongo que yo no he sabido ser un buen alumno. Si mi maestra sigue teniéndome paciencia, espero algún día poder demostrarle que me ha enseñado bien.
Pasión de cabarulo Es una pasión asimétrica, por que las personas involucradas (él, cliente, y ella, cabaretera) buscan distintos objetivos. Para resumirlo, él busca satisfacción y ella, dinero (aunque también un poco de satisfacción). Para que surja verdadera pasión en un encuentro de cabarulo, tanto él como ella deberán cumplir una serie de requisitos, a saber: Ella: debe ser ambiciosa y fogosa, es decir, tiene que gustarle la plata y el sexo. Tiene que ser muy sexy… obviamente, sino qué podría estar haciendo en un cabarulo, ¿no? Él: debe ser un tipo maduro, aunque bien conservado; con buena facha y mucha plata, pero sin lazos afectivos y/o sin sentimientos. Puede tener sentimientos, pero en todo caso debe mantenerlos bien reprimidos en el fondo de su alma. En resumen: tiene que ser un tipo ganador, fachero, con guita, sin quilombos y libre. El encuentro entre ambos es bastante esquemático. Él la elige por su aspecto y su sensualidad, pero más que nada por una actitud que exterioriza su ambición y su fogosidad. Ella lo ve como a un cliente deseable en todo sentido; dicho en otros términos, se calienta tanto con su aspecto como con su dinero. Se sientan juntos, él le invita una copa, hablan de cuestiones triviales como para romper el hielo, intercambian algún beso o caricia para entrar en clima, y finalmente comienzan a estipular los términos de la transacción que planean llevar a cabo. Él le dice lo que espera de ella, y ella dice si está dispuesta a hacerlo y cuánto le va a costar. Si él está de acuerdo con los términos del contrato verbal, pasan a un lugar más íntimo para concretar la transacción. Él se pone cómodo y ella se prepara para hacer su trabajo. Ella se encuentra ante el desafío de dejar a su cliente satisfecho, para que en futuras visitas la siga eligiendo. Su tarea no es del todo fácil: el tipo tiene calle y tiene plata, o sea, si no queda 100% conforme, en futuras ocasiones irá a proveerse de atenciones sexuales a otro lado. Pero ella es fogosa y segura de sí misma. Además, el tipo la calienta, con lo cual tendrá una disposición natural para satisfacerlo y para disfrutar haciéndolo. Así que echa mano de sus armas más poderosas: su cuerpo, sus movimientos, su voz, su mirada, sus labios, su… etc. Confieso que nunca he pagado por sexo. No por una cuestión moral, sino simplemente por que nunca tuve necesidad ni deseos de hacerlo. Sin embargo (siempre hay un “sin embargo”), lo haría solamente para poder vivir, por una única vez aunque más no sea, una pasión de cabarulo como la que acabo de describir. Es difícil, puesto que no soy fachero (en todo caso, no lo suficiente), no me sobra la plata y sí tengo sentimientos (muchos) y lazos afectivos. Digamos, no doy con el perfil. Peeeeero… la plata se puede juntar con algo de esfuerzo, la facha se pilotea (generalmente es más una cuestión de actitud que de facha propiamente dicha) y los sentimientos y lazos afectivos se pueden esconder y reprimir por un rato. Todo sea por poder experimentar en carne propia (literalmente hablando) el fuego, la pasión, la mirada lujuriosa, la sonrisa perversa y la actitud dominante de esa chica que desea ansiosamente vaciar mi billetera a fuerza de enloquecerme de placer. ¡Qué me importa el contenido de la billetera! Si la experiencia lo vale, y si para ella también es placentero, pues ¡que se lleve todo!
En el próximo capítulo... ¡más pasiones!
June 05 La amante de la luna llena, 5ta parte(A pedido del público, aquí va el 5to capítulo de mi novela "La amante de la luna llena") Mañana es luna llena. Son las 10 de la noche. Faltan 26 horas y media para la cita que quizás me cueste la vida. No creo que esta noche pueda conciliar el sueño, por eso estoy sentado en el balcón de mi departamento, contemplando las luces y el movimiento de la ciudad. En los últimos días pasé por todos los estados de ánimo posibles. Hubo momentos en los que estaba decidido a ignorar por completo lo ocurrido la noche de la fiesta. En esos momentos, pensaba en organizar alguna salida con amigos para la próxima luna llena, de forma tal de olvidar por completo mi cita con Andrea. Otros momentos pensaba ir a la cita, pero guardar distancia para ver si la fantasma se presentaba o no, y dejar para ese instante la decisión final de encontrarme con ella o no. Y aún otros momentos en los que la cara angelical de Andrea venía a mi mente, y deseaba fervientemente poder verla de nuevo, sin importar el riesgo implicado en ello. En cada ocasión en que me ponía a reflexionar sobre lo que debería hacer, llegaba a la misma conclusión: si evito el encuentro, de la forma que sea, viviré el resto de mi vida pensando en ella, preguntándome qué hubiera pasado en caso de que hubiese decidido acudir a la cita. Tal vez el deseo de reencontrarme con ella sería tan grande que, cada noche de luna llena, volvería a la playa de Bello Horizonte con la esperanza de encontrarla; cosa que seguramente nunca ocurriría. Viviría con la misma tristeza y angustia que si ella hubiese muerto siendo mi pareja. Posiblemente me entregaría a algún vicio con tal de olvidarla. Es preferible correr el riesgo de morir antes que asegurarme una vida en esas condiciones. Es inevitable; tengo que acudir a la cita. “Estoy segura de que cualquier intento por convencerte de que no vayas al encuentro sería inútil”. Las palabras de Angelina todavía resuenan en mi mente. “Pensá en las razones que tengas para vivir”. Razones hay a montones, pero todas ellas pierden sentido ante la idea de vivir sin haberle dado una chance a un amor que va más allá de cualquier lógica y razonamiento. De todos modos, hay personas que se preocuparían por mí, y sería injusto dejarlas sin siquiera una mínima explicación. Debo avisarle a alguien lo que estoy por hacer, pero ¿a quién? Juan. Su nombre viene a mi mente sin proponérmelo. En cierta forma, es por él que me metí en esto, ya que su fiesta de casamiento signó mi destino. Si he de despedirme de alguien, tal vez él sea el más indicado. Ya tiene que haber vuelto de su luna de miel. Lo voy a llamar. –¿Hola? –¡Hola Juan! Soy Andrés, ¿cómo estás? –¡Andrés! ¿Cómo te va? Sabés que hace varios días que quería llamarte para preguntarte qué te pasó en la fiesta, por que te vi un ratito al principio y después desapareciste. –Sí, bueno, es que me ocurrió algo bastante increíble. –No me digas que conociste una chica… –Sí, digamos, algo así. Te tengo que contar… –Dale –me interrumpe Juan–, venite a casa el fin de semana, así me contás con lujo de detalles, y de paso te muestro las fotos del casamiento y la luna de miel. –Bueno, sí, pero no sé si el fin de semana voy a poder –intento explicarle–. Lo que pasa es que… –No me digas nada –me interrumpe otra vez–. Te tenés que encontrar con ella, ¿no? –Algo así, dejame que te explique. –Está bien, no te interrumpo más –se disculpa–. Contame. –Gracias. El asunto es que había una chica en la fiesta que en realidad no sé si estaba invitada. Su nombre es Andrea… –¿Andrea? –pregunta Juan–. Puede ser, quizás alguna amiga de Gaby. ¿Por qué pensás que no estaba invitada? –Es que era una chica bastante extraña –no le quiero contar la historia de la fantasma para que no me tome a la risa–. Fijate que ni bien empezamos a hablar se quiso ir, y me llevó hasta la playa. –Ah, ¡chica rápida! –comenta Juan, riéndose. –No –le contesto, sintiéndome algo ofendido, aunque sin saber exactamente por qué–. Aunque por lo que hizo, podría parecer que sí, pero es extraño… actuó como si hubiera ido directamente a buscarme. –¿Qué hizo? –pregunta Juan, ansioso. –Y bueno, una vez que llegamos a los médanos… –hago un silencio que lo dice todo. –¡No! Me estás jodiendo. Pará, ¿en serio te pasó eso? –Sí, pero Juan, no era eso lo que quería contarte. El hecho es que yo me desmayé, o me quedé dormido, y cuando abrí los ojos ella no estaba más, y en mi camisa estaba escrito “te espero acá la próxima luna llena”. Y la próxima luna llena es mañana. –A ver si entendí –me frena Juan–. En vez de dejarte un número de teléfono, una dirección de mail o alguna otra forma de contactarla, ¿solamente te dijo que te esperaba en la playa la próxima luna llena? –Exactamente –le contesto–. Por eso te digo que fue todo muy extraño. –¿Y vas a ir? –Sí. Es decir, lo pensé mucho, cambié de opinión quinientas veces, pero ya decidí que voy a ir. –Caramba, se ve que te pegó fuerte… –Sí, no te das una idea. Desde aquel día sueño todas las noches con Andrea. –¿Y no sabés nada de ella? –pregunta Juan– ¿Además del nombre? –Nada. Bueno, no. En realidad, algo sé, pero no es algo concreto… –hago una pausa para pensar cómo seguir la explicación–. El hecho es que escuché historias de tipos que se encontraron con una mujer misteriosa, específicamente en la playa de Bello Horizonte, y desaparecieron misteriosamente. Nunca más nadie los volvió a ver. Se produce un largo silencio. Luego Juan retoma la conversación.
–No, me estás jodiendo. ¿Me estás jodiendo, verdad? –Ojalá te estuviera jodiendo –le contesto–. Varias personas distintas, sin ninguna conexión entre ellas, me contaron la misma historia, y concuerda bastante con lo que me pasó a mí, y con lo que me podría pasar mañana. –A ver, pará, pará. ¿Me estás diciendo que esta mujer misteriosa, de la cual no sabés nada más que su primer nombre, se dedica a enamorar hombres para llevárselos quién sabe a dónde, y aún así vos vas a ir a encontrarte con ella? ¿Estás completamente loco? Inevitablemente suelto una risa, aunque en seguida vuelvo a ponerme serio.
–Sí, sé que parece una locura, pero tratá de ponerte en mi lugar. Si no voy a su encuentro, voy a pasar el resto de mi vida pensando en ella… –Tal cual –me interrumpe otra vez Juan–, y en todas las cosas terribles que te hubieran pasado si ibas. –No, no. Es
que fue algo increíble… no sé cómo explicarlo, pero siento que hubo una
conexión espiritual entre nosotros. Además, todas las noches sueño con
ella. Si no voy, su recuerdo me va a torturar siempre.
Escucho un suspiro del otro lado de la línea.
–Está bien –dice Juan al cabo de un rato, con un ligero tono de fastidio–. Está claro que no voy a poder convencerte para que no vayas. Pero si me llamaste en busca de consejo, disculpame pero lo único que te puedo decir es que no vayas. –No, en realidad no buscaba un consejo. Simplemente necesitaba contárselo a alguien. Es decir, quería que alguien supiera que voy a hacer esto, por si… Intencionalmente dejo la frase inconclusa. –¿Por si no volvés? –la completa Juan. –Y, en cierta forma, sí.
Otro largo silencio, que es finalmente interrumpido por un profundo suspiro de Juan, seguido por una pregunta.
–¿Vos te das cuenta, Andrés, de que estás tan enamorado que estás dispuesto a jugar tu vida sólo por volver a ver a esta mujer? –¿Enamorado? –aunque se la hago a Juan, la pregunta es más bien para mí mismo–. Tal vez sí. –Andrés, sabés que aunque hace poco que nos conocemos, te considero más que un compañero de laburo, para mí sos un gran amigo. Y eso es justamente lo que hace esto más complicado. Por un lado, me alegro por vos y hasta te envidio un poco por lo que te pasó y por la emoción que estás viviendo. Pero por otro lado, como amigo debería utilizar todos los medios a mi alcance para hacerte razonar y evitar que hagas una locura. En una de esas, esto termina en nada y dentro de unos días vamos a estar acordándonos de todo esto y riéndonos de lo ridículo de la situación, pero si te pasa algo sin que yo haya hecho nada para evitarlo, va a ser un terrible cargo de consciencia. ¿Soy el único que sabe de esto? –Sí. –¡Peor aún! –continúa Juan, subiendo el tono–. Si te pasa algo, va a ser mi responsabilidad dar cuenta a todos tus familiares y conocidos. –Está bien, disculpame –digo con tono de fastidio–. No te lo debería haber contado. Bueno, nos vemos, o… –No, Andrés, esperá, escuchame –me interrumpe una vez más–. No me malinterpretes. Me alegra que me hayas elegido a mí para confesar esto, por que significa que valorás nuestra amistad. Y acepto la responsabilidad que me estás pasando como el precio de esta amistad. Perdón si lo que dije antes sonó como una protesta, no fue mi intención quejarme. Hacé lo que te indique tu corazón. Andá si sentís que debés ir. Es evidente que en la playa de Bello Horizonte te espera tu destino, cualquiera que sea. Pero sinceramente espero no perder a un amigo, por que amigos como vos hay pocos. Desde que conozco a Juan siento una gran admiración por su capacidad para ver las cosas con claridad, tomando distancia de los problemas para analizarlos en su justa dimensión. Su último comentario hace brotar una gran cantidad de lágrimas de mis ojos. Espero un poco antes de seguir hablando, para que la emoción no se haga evidente en mi voz. –Muchas gracias, Juan –digo al cabo de unos instantes–. Me alegro que lo veas de esa forma. –Bueno, bueno, no nos pongamos sentimentales. Nada más asegurate de salir vivo de esto para contármelo todo, ¿sí? Ya es medianoche. Me despido de Juan en forma sencilla, como si realmente fuéramos a vernos en un par de días. Habiendo cumplido el trámite de informar a alguien sobre mi decisión, vuelvo al balcón a contemplar la ciudad. Al cabo de un rato, mis ojos se cierran pesadamente, y el rostro de Andrea invade mis sueños una vez más. Continuará... June 03 Frases célebres II (y un par de reflexiones)"Feliz no es quien primero llega a su destino, sino quien más disfruta del recorrido".
-Yo.
"Vivir equivale a escalar una montaña. Los sabios son los que llegan a la cima, y bajan únicamente para ayudar a otros en su ascenso. El común de los hombres sube hasta el límite de su capacidad, para luego emprender el descenso y pasar el resto de su vida contemplando desde abajo qué tan alto llegaron. Los soñadores jamás abandonan el intento; siguen ascendiendo sin importar lo que pase, aún cuando se topan con el límite de sus fuerzas, aún sabiendo que la muerte los encontrará antes de que logren llegar a la cima".
-Yo (un soñador).
"Los hombres pensamos en sexo cada 15 minutos. Eso demuestra que nuestra capacidad intelectual es superior a la de las mujeres, puesto que, a pesar de tener la mente ocupada en el sexo casi todo el tiempo, logramos usar el intelecto para unas cuantas cosas útiles".
-Yo (¿un machista?)
May 29 No quiero tu imagen, quiero tu misterioQuiero verte como te vería un artista. Por que el arte revela tu parte invisible, intangible. Te expresa en tus infinitas dimensiones.
Una imagen puede mostrar el color de tus labios, el brillos de tus ojos, la perfección de tu figura. Pero el artista ve más allá. Percibe la magia de tu sonrisa, la profundidad de tu mirada, la suavidad y el calor de tu piel. Tu cuerpo puede desnudarse ante cualquiera, pero sólo a través del arte se verá la desnudez de tu misterio.
El artista puede ver tus emociones y captar tu actitud. Puede ver aquello que te alegra y aquello que te atormenta. Y tiene el talento para plasmarlo en su obra.
¿Quién más que Da Vinci hubiera podido percibir el enigma en la sonrisa de la Gioconda, y quién otro habría sabido reflejarla con unas pinceladas?
Quiero verte con los ojos de un artista. Captar el misterio de tu ser, ese que nadie más es capaz de ver. Quiero que mi obra te inmortalice, y el mundo entero admire tu esencia. Quiero dominar con maestría la pintura, la archilla, los sonidos o las palabras, para que esos elementos inertes cobren vida y extraigan, desde lo profundo de tu alma, esa belleza que los sentidos, por sí solos, no pueden captar.
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Los libros que más me han gustado o más me han marcado
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